Inversión y formación de capital para el desarrollo inclusivo

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En el complejo escenario económico actual, comprender los mecanismos que impulsan el crecimiento no es solo una tarea para académicos, sino una necesidad imperativa para quienes lideran empresas y gestionan lo público. Históricamente, se ha identificado a la inversión como el motor fundamental del desarrollo económico, una premisa especialmente relevante para Guatemala, donde los niveles de crecimiento se mantienen bajos frente a la urgente necesidad de mejorar las condiciones de vida de la población. Invertir significa, en esencia, utilizar recursos hoy para adquirir bienes de capital que permitan expandir nuestra capacidad de producción mañana, sustituyendo lo que se deteriora y abriendo paso a nuevos emprendimientos que generen valor real.

Sin embargo, la visión tradicional que limitaba el capital únicamente a la maquinaria y la construcción ha evolucionado. Hoy entendemos que el capital humano, la tecnología y la generación de conocimiento son factores de igual o mayor importancia para la prosperidad de una nación. Bajo esta perspectiva moderna, el valor de una inversión no reside meramente en su costo monetario o en su forma física, sino en su capacidad de ser utilizada eficazmente a lo largo del tiempo para crear bienes y servicios que la población demande. No se trata solo de tener máquinas, sino de cómo estas interactúan y se gestionan para generar un aporte real a la producción nacional.

Dicotomía macroeconómica

A pesar de que Guatemala ha sido clasificada desde el año 2017 como una economía de ingreso medio alto, esta etiqueta contrasta con una realidad social desafiante. El país ha mostrado tasas de crecimiento bajas y una distribución de recursos sumamente desigual, con un alto porcentaje de la población en situación de pobreza y niveles de desigualdad que se encuentran entre los más elevados del mundo. Esta dicotomía entre indicadores macroeconómicos y bienestar social evidencia que el flujo de inversión, aunque ha aumentado al ritmo del crecimiento económico, aún es insuficiente.

Para el sector privado, tanto para el pequeño emprendedor como para el gran empresario, el entorno institucional es el factor determinante que motiva o frena la inversión. Un clima favorable requiere de libertad económica, certeza jurídica, protección a la propiedad privada y una competencia sana que elimine barreras de entrada. Es preocupante notar que, en Guatemala, cinco de cada diez emprendimientos no logran generar empleo y la mayoría no supera los tres años y medio de vida, muchas veces debido a la falta de financiamiento y a marcos regulatorios que dificultan la adopción de nuevas tecnologías.

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En este contexto, la inversión extranjera directa (IED) surge como una oportunidad estratégica para integrar al país en la economía internacional, facilitando no solo la entrada de capital, sino también la transferencia de tecnología y conocimiento especializado o know-how. Lamentablemente, Guatemala no ha sido un destino particularmente relevante para la IED en la región, captando una fracción mínima en comparación con vecinos como México, Panamá o Costa Rica. Para revertir esta tendencia, el país necesita una estrategia de largo plazo que explote sus ventajas comparativas y priorice sectores con alto potencial de generación de valor y empleo, superando la volatilidad de los flujos que han respondido más a factores aislados que a políticas sostenidas.

Inversión en el sector público

Por otro lado, el sector público tiene una responsabilidad ineludible en este engranaje. Aunque en las últimas décadas el enfoque ha cambiado hacia el fomento de la inversión privada, el Estado sigue siendo el garante de servicios básicos esenciales como la salud, la educación y la infraestructura, los cuales requieren una inversión constante tanto en capital físico como humano. El gasto social en Guatemala es significativamente bajo en comparación con el promedio latinoamericano, especialmente en áreas críticas como protección social y salud.

Incluso en el ámbito de la investigación y desarrollo (I+D), el panorama revela una tarea pendiente. La inversión en este rubro es mínima, lo que limita drásticamente la capacidad de las empresas para innovar y competir en mercados globales. La falta de profesionales en áreas científicas y las barreras para acceder a capital para innovación mantienen una matriz productiva con pocas capacidades de adopción tecnológica.

En conclusión, el desafío de Guatemala es doble. Primero, debemos elevar la cantidad y calidad de la inversión en todas sus formas: pública, privada nacional y extranjera directa. Esto implica fortalecer el marco institucional, reducir la burocracia y mejorar la recaudación, asegurando siempre la transparencia. Segundo, es vital facilitar que esa inversión se materialice en capital real, fomentando el emprendimiento y la innovación como pilares del desarrollo. Solo a través de una acción coordinada entre el sector público y privado, que priorice la inversión en las personas y en sectores estratégicos, podremos construir una economía más competitiva y, sobre todo, más inclusiva para todos los guatemaltecos.

Fuente: Juárez, F. (2022) Inversión y formación de capital para el desarrollo económico en Guatemala. ASIES, Guatemala.