Trabajo y tecnología, desafíos para la empresa contemporánea

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La capacidad de proyectar el futuro ha sido una constante en el pensamiento económico, aunque los resultados suelen ser inciertos por la complejidad de los escenarios globales. En la actualidad, nos encontramos ante un reordenamiento mundial apenas perceptible, marcado por una fragilidad institucional y una revolución tecnológica que actúa como un invasor constante en todas las esferas de la sociedad. Para el empresario guatemalteco, ya sea que lidere una gran corporación o un pequeño emprendimiento, entender esta dinámica constituye una herramienta de supervivencia. La tecnología, si bien puede generar temores sobre la sustitución de la fuerza laboral, también ofrece la promesa de abaratar costos y dinamizar la producción, planteando un reto ineludible: cómo conciliar los nuevos estilos de trabajo con el crecimiento económico y el bienestar social.

El impulso de la pandemia

La pandemia del COVID-19 actuó como un catalizador que transformó las dinámicas laborales, obligando a una adaptación acelerada que, en muchos casos, dependió del uso de las tecnologías de la información y comunicación. Este cambio puso de manifiesto que la gestión del talento humano ha evolucionado hacia un modelo donde la agilidad es el eje central. Las organizaciones del futuro están dejando atrás las jerarquías rígidas para dar paso a redes de equipos empoderados, capaces de tomar decisiones en entornos de alta incertidumbre. En este nuevo paradigma, el aprendizaje ya no es un evento puntual, sino un proceso continuo y en tiempo real que permite a los colaboradores desarrollar habilidades de forma rápida y fácil para mantenerse vigentes en un mercado que no se detiene.

Sin embargo, esta transición hacia lo digital no ha estado exenta de fricciones. El trabajo a distancia y las modalidades híbridas, si bien han permitido la continuidad de muchas actividades de servicios, han introducido nuevos desafíos como el agotamiento laboral o burnout y una saturación de la virtualidad. Es revelador que el uso de plataformas como Microsoft Teams haya visto un incremento del 252 % en el tiempo semanal dedicado a reuniones desde 2020, una cifra que invita a la reflexión, pues se estima que una reducción drástica de las reuniones innecesarias podría potenciar la productividad de manera significativa. Para el empresario, el reto radica en encontrar el equilibrio justo: aprovechar la flexibilidad tecnológica sin sacrificar el valor que aporta la interacción personal y el bienestar físico y mental de su equipo.

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Tecnología en Guatemala

En el contexto guatemalteco, la realidad presenta matices particulares que tanto el sector privado como el público deben atender con urgencia. El país ocupa una posición rezagada en los índices de innovación global, lo que evidencia una brecha digital profunda que limita nuestra competitividad. Nuestra economía sigue mostrando una dualidad marcada: mientras un sector minoritario adopta tecnologías de vanguardia, la gran mayoría de la fuerza laboral se encuentra anclada en actividades tradicionales de baja especialización, como la agricultura y el comercio informal. Esta situación sugiere que, al menos en el corto plazo, el riesgo de que la tecnología sustituya masivamente los puestos de trabajo es bajo, pero también advierte que nos estamos alejando de un modelo productivo que genere mayor valor agregado.

La demanda laboral actual refleja esta transformación, concentrándose cada vez más en habilidades especializadas. Áreas como la inteligencia de datos y la tecnología de la información encabezan las búsquedas de las empresas, acompañadas de una necesidad creciente de habilidades blandas como la resiliencia, el pensamiento crítico y la capacidad de resolución de problemas. No obstante, Guatemala enfrenta una escasez de talento que alcanza al 72 % de los empleadores, una cifra que tiende a agravarse debido a la emigración de trabajadores. Aquí es donde la colaboración con el sector público se vuelve vital. El Estado debe priorizar la inversión en infraestructura digital y, sobre todo, en una reforma educativa que dote a los jóvenes de las herramientas necesarias para insertarse en este nuevo mercado laboral.

¿Y la IA?

La llegada de la inteligencia artificial (IA) representa la nueva frontera de esta revolución. Aunque en América Latina se estima que la IA podría generar un incremento significativo en la riqueza, Guatemala aún no figura entre los países que están sentando las bases sólidas para su adopción estratégica. Mientras naciones vecinas desarrollan agendas nacionales de IA y estrategias de datos abiertos, nuestro país debe superar retos básicos de conectividad y acceso a la tecnología, especialmente en las zonas rurales. La IA no debe verse como una amenaza lejana, sino como una oportunidad para reducir brechas de desigualdad, siempre que existan políticas públicas que fomenten su uso responsable y una infraestructura que democratice sus beneficios.

Finalmente, el camino hacia la eficiencia empresarial en esta era digital requiere de una visión compartida. No basta con que las empresas adquieran software avanzado; se requiere un entorno institucional que facilite la innovación y una fuerza laboral capacitada que pueda potenciar esas herramientas. Es indispensable fomentar espacios de diálogo entre el sector público, la academia y la empresa privada para actualizar la legislación laboral y asegurar que la tecnología sea un motor de desarrollo inclusivo. Solo mediante una apuesta decidida por la educación y la modernización de nuestras estructuras productivas, Guatemala podrá transformar la incertidumbre del futuro en una oportunidad de prosperidad para todos sus sectores.

Fuente: Prado, P. (2023)Trabajo y tecnología: buscando la eficiencia en las empresas. ASIES, Guatemala.